viernes, 6 de diciembre de 2013
Siempre he dicho que eres el mejor.
A veces pasa el tiempo y te das cuenta de que las cosas no siempre son como pensabas en su momento. También descubrimos que a la persona que tanto querías, la cuál si no estaba notabas esa ausencia, ya no la ves de esa manera, es más la misma vida ves diferente. Te das cuenta de que hay mas peces en el río y mas personas dispuestas a sacarte sonrisas reales, y a hacer lo que sea por verte bien. Personas que no se cansan de enamorarte día a día, con hechos y también con palabras pero de una manera diferente, única o tal vez especial. Sientes de nuevo como esa cara de estúpida reluce cada vez que dicha persona te habla por cualquier medio o manera. Sonríes todo el día por una bobería que tal vez te dijo hace horas y lo mejor de todo.. no lloras por decepciones porque no hace mas que sorprenderte día a día, minuto a minuto, sonrisa a sonrisa. No paras de suspirar todo el día y te vas olvidando del pasado, del dolor, de los llantos. Esta persona ha podido estar horas hablando conmigo por teléfono solo para que dejara de llorar. Los años ha hecho que poco a poco lo adore, lo quiera y no lo vea como uno más ni mucho menos. Hablamos de futuro ¡que locura! pero aunque a día de hoy lo mucho que le he dado hayan sido millones de abrazos sé que tiempo al tiempo, porque las cosas de palacio van despacio y la verdad que prisa no tengo con él no. Y pase el tiempo que pase desde el primer día que lo conocí (hace añitos ya) siempre diré que es el mejor.
Diciembre ya llegó, ¿y tú?
Calles oscuras y el frío atravesándome y partiéndome en dos, colándose por mis costillas. El vacío me reconcome por dentro. Ya nada duele, y que nada duela, duele. Siento que mi corazón se ha congelado, que yo me he congelado. Que nunca más podré sentir algo, que no sé si querré sentir algo. Siento un hueco en el pecho, allí donde debía sentir los latidos de un corazón. Pero ya no hay nada. Siento que me desvanezco. Que no soy nada. Que soy como el vaho que asciende en la noche oscura, disipándose y convirtiéndose en aire. Tengo una parte del invierno en de mi. Y te necesito. Aún puedo recordar tus manos cálidas rodeando mis manos frías. Tu aliento rozando mi mejilla. El lado izquierdo de la cama ocupado, tus chocolates calientes en pleno invierno, y cómo te entraban escalofríos cuándo rodeaba tu cuello con mis manos frías. Cuando dibujaba constelaciones y corazones en tu espalda. Recuerdo el frío en las mejillas, cómo miles de cuchillas, recuerdo que lo olvidaba cuando me concentraba en tu mano cálida aferrada a la mía. Como si yo fuese tuya y tu fueras mío. Recuerdo el aroma que desprendían tus abrigos. Recuerdo lo mucho que adoraba esa sonrisa tan preciosa y perfecta en tus labios. Aquella que me decía que todo iba a estar bien. Recuerdo tus manos deslizándose arriba y abajo por mi antebrazo. Tu voz en mi oído, tranquilizándome. Y como tus brazos disipaban todo el terror y el dolor cuándo me rodeaban. Lo recuerdo todo y ya no soy capaz de sentir nada. Tú me dabas vida, y nunca me sentiré tan viva como en aquel invierno. Lo peor de todo, incluso de este vacío en el pecho, es que Diciembre llegó. Y tú ya no estás.
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