Yo te escribía cartas todos los días. Decirte lo bonita que es tu sonrisa, lo bien que te ves cuando caminas, lo dulce que es tu voz, regalarte chocolates y peluches y todas esas cursilerías te las puede hacer cualquiera, yo te dediqué mi tiempo, mis palabras e incluso mis silencios. Yo te regalé mis “te quiero” más sinceros, mis noches de café y te dediqué todos mis versos, quizás nunca te dí un beso, pero te seguí escribiendo a diario, aun cuando ya no me leías.
Tal vez perdí todo mi tiempo, pero a veces perder el tiempo también es parte del amor.
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