Amamos por amar, y punto. Queremos, no para ser queridos, sino porque, queriendo, se secan las lágrimas, en vez del corazón; porque, queriendo, hormiguean las ganas de reír, y no lloran los labios.
Igual no es amor, sino cariño; igual no sirve de mucho, o lo es todo; igual no lo entienden, pero es la locura más sana que se nos puede pasar por la cabeza.
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